martes, 24 de junio de 2014

TERMINA EL CURSO...COMIENZAN LOS RECURSOS Y LOS TRANSCURSOS.

TERMINA EL CURSO...
Sí, termina UN curso, pero no EL curso. El curso nunca se agota, sino que el el camino, el torrente, el conjunto de todo lo que fluye junto. Es cierto que hablamos de curso escolar para referirnos a eso que transcurre entre septiembre y junio, y comienzan las vacaciones. A mi me gusta pensar que este tiempo de vacaciones no es un tiempo de vagancias, no siquiera de consumo de ocio a toda costa, ni tampoco un tiempo de ir y venir consumiendo petróleo. Para mi es un tiempo en el que recargarnos de recursos, a todos los niveles. Reponemos aquellos recursos energéticos que quizás hayamos consumido en demasía de nuestro organismo, de forma que es tiempo para descansar, disfrutar del sueño, no tener horarios y escuchar lo que nuestro organismo necesita en cada momento... Me place enormemente cuando por fin puedo oir a mi cuerpo amaestrado por el despertador, pedirme dormir más, o quedarse hasta más tarde saboreando el fresquito de la noche, o la conversación con los amigos. Es entonces cuando debemos recargar estas "energías renovables" que nuestro ser ha ido destinando a satisfacer unas demandas externas, que no siempre son respetuosas con el ritmo de nuestro cuerpo.
Es momento también de los transcursos, de las cosas que transcurren y de las que no siempre nos damos cuenta. Tomar conciencia del transcurrir nos permite aceptar muchos aspectos vitales y emocionales a los que puede que nos hayamos estado resistiendo el resto del tiempo. En ese sentido me parece muy interesante comprobar los pequeños logros de mi hija en su crecimiento, me embobo cuando compruebo lo mucho que avanza en sus técnicas acuáticas, pensar que hace un par de veranos aún llevaba manguitos. Compruebo cuánto dura un día completo, con todas sus horas solares, y el amanecer y el atardecer se transforman en los auténticos medidores de un tiempo que transcurre en vez de entre manecillas, entre mis manos. Es delicioso ver crecer día a día mi planta de la terraza, o el pelo de mi compañero, o las uñas de los pies,...valorar los pequeños cambios cotidianos con el amor que requiere la vida para cosas que aún pareciendo intranscendentes, son las que dan incandescencia y armonía a todo lo que respira. Respirar se convierte entonces en el transcurrir más hermoso.

Así que comienza el tiempo de los recursos y los transcursos, de reconectarse si algún cable se soltó, porque es necesario revisar que todos nuestros circuitos aún sirvan para que nuestro ser sienta la vida en su plenitud.